¿Qué es el Síndrome de Solomon y por qué afecta a los millennials?

La sociedad ha optado por condenar cada vez más el hecho de ser diferente y destacar por miedo al rechazo. En esta época de “millennials” es aún más frecuente, ya que gustar a los demás y tener buenas relaciones sociales parece haberse convertido en un requisito para la deseabilidad social

Todas estas características nos llevan a pensar que estamos más condicionados de lo que podemos pensar. Sin embargo, más allá del qué dirán, cuando esta especie de conformismo se vuelve mucho más frecuente, tiene nombre y apellido; y se llama síndrome de Solomon.

¿Cómo se manifiesta este trastorno patológico?

Cuando somos jóvenes, este trastorno patológico aparece con mayor frecuencia. Y no es más que una característica donde una persona vive en base al entorno; es decir, genera comportamientos donde la autonomía no existe si de eso depende diferir del resto, trayendo como consecuencia el miedo a un posible rechazo, envidia o conducta negativa.

Normalmente, quien padece del Síndrome de Solomon tiene baja autoestima y miedo a que sus virtudes salgan a la luz, como consecuencia de que la sociedad tienda a sentirse ofendida por ello.

Esto lleva a quienes sufren del síndrome de Solomon a actuar y relacionarse en base a las valoraciones de otros y no de su apreciación personal. Esto es un problema de millennials muy común hoy en día.

¿De dónde surge el llamado Síndrome de Solomon?

Como su nombre nos da la pista, esta patología fue identificada por el científico Solomon Asch, quien en 1951 hizo un experimento social para corroborar su teoría.

El mismo lo llevó a cabo haciéndose pasar por oculista y acudiendo a un instituto donde 123 jóvenes participaron de manera voluntaria (y sin saberlo), para identificar una serie de diferencias sencillas y demostrar su “buena vista”.

Para este experimento hubo alumnos cómplices que, siendo mayoría, darían una respuesta errónea para ver qué tanto influía en el resto. Aunque el experimento era demasiado sencillo de responder, los estudiantes optaban por seguir dicha respuesta incorrecta “por temor a estar equivocados o llevar la contraria”. Solo el 25% que participó en el experimento siguió sus convicciones a cabalidad.

Esto muestra lo influyentes que puede ser la sociedad a tal punto de modificar nuestra percepción de lo que es correcto y lo que no.

Según el científico, el experimento “por una parte, revela nuestra falta de autoestima y, por otra, que formamos parte de una sociedad que tiende a condenar el talento y éxito ajenos” indicaba.

Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

¿Por qué no debemos dejar que nuestros adolescentes pierdan su autonomía?

En un mundo donde la imposición social se está volviendo más que un simple “problema de millennials”, expresar pensamientos propios y actuar con autenticidad es casi un grito de auxilio de la creatividad y la honestidad.

Con respecto a la adolescencia, si sumamos el síndrome de Solomon a los diferentes formas de vulnerabilidad presentes, como la toma de decisiones, la sensibilidad a las críticas, la dependencia emocional y la dificultad para sentirse bien estéticamente, estos jóvenes caerían en un bucle de dilución en pequeñas sociedades, con base en el conformismo, ya que no se sentirán capaces de lograr cosas por sus propios méritos.

A simple vista parece un tema poco importante; sin embargo, está relacionado con problemáticas el tipo drogadicción o comportamientos sectarios. El motivo es que, al no contar con la capacidad de discernir, los jóvenes serán fácilmente corrompidos por su entorno.

¿Cómo ponerle solución a esto?

Por suerte, el síndrome de Solomon no es más que una consecuencia de lo que nos impone la sociedad. Es por eso que, si sentimos que estamos comenzando a ser afectados por este trastorno, podemos tomar algunas medidas por nuestra cuenta (a menos que sea grave y necesitemos ayuda profesional):

  • Refuerzo de valores y virtudes para recuperar nuestra autoestima.
  • Demostrarnos la capacidad que tenemos de tomar decisiones para lograr nuestros objetivos.
  • Aceptar que tenemos defectos y que eso NO tiene que ser algo negativo.
  • Evitar compararnos y entender que TODOS somos especialmente diferentes.
  • Fomentar el respeto mutuo y, sobre todo, el propio.

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