El Aprendizaje a través de los sentidos.

Existen cinco caminos al cerebro, y son los cinco sentidos.

A través de los órganos sensoriales podemos captar los estímulos del medio.

Los ojos captan estímulos visuales que viajan al cerebro y son interpretados según las experiencias que tengamos, y lo mismo pasa con el oído, el olgato, el gusto y el tacto. Todo lo que aprendemos, toda la información que recibimos del entorno, nos llega necesariamente a través de estos cinco caminos. Y gracias a esta información, aprendemos.

Al principio tenemos poca información para saber interpretar con rapidez estos estímulos externos, por eso tardamos más o buscamos estrategias de apoyo.

Cuando los niños están comenzando a aprender algo, primero utilizan herramientas básicas (como contar, o unir las letras de cada sílaba para pronunciarlas), cuando ya van dominando lo aprendido, el cerebro crea conexiones y la información se va consolidando, de modo que, poco a poco, dejan de utilizar los apoyos y su velocidad de procesar el problema es mayor.

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El proceso de aprendizaje es un camino progresivo que va pasando por diferentes estaciones dentro de nuestro cerebro.

Un niño que está aprendiendo a sumar, por ejemplo, primero lo hace usando los dedos, función que a nivel cerebral realiza una estructura llamada Hipocampo. Posteriormente, y después de haber repetido esta actividad varias veces, se consolida y se traslada a la corteza cerebral, una parte más desarrollada del cerebro, que es donde se almacena de forma definitiva nuestra memoria a largo plazo. De este modo en el futuro podremos extraer “automáticamente” el conocimiento interiorizado, es decir, la capacidad de sumar será automática.

Aprender es una carrera de fondo, y todo empieza con los cinco sentidos. 

Por otra parte, el aprendizaje humano va ligado sin duda a la emoción.
Las emociones afectan a toda la vivencia infantil. Desde el juego, la alimentación, las relaciones con iguales y posteriormente al aprendizaje, que será mucho más profundo y duradero si está ligado a las emociones y a informaciones previas, es decir, si es un apredizaje significativo.

El sistema límbico, o lo que es lo mismo, el cerebro emocional necesita ser estimulado para poder aprender y hacer las conexiones neuronales necesarias. En resumen: Un niño feliz, seguro, emocionalmente sano y estimulado de forma correcta tendrá una ventaja a nivel cerebral a la hora de aprender.

El sistema educativo con respecto a la estimulación y la emoción.

Hay muchas corrientes que ponen en duda que las escuelas sean los lugares óptimos para favorecer el mejor desarrollo emocional y la estimulación correcta de los niños.

Lo idóneo en la primera infancia, y sobre todo en la educación primaria, sería proporcionar al niño la libertad justa para seguir sus propios ritmos e impulsos, si bien compatibilizando esta estrategia con la introducción de conceptos como disciplina, respeto, compañerismo etc…

Sin embargo la enseñanza formal tradicional carece de este equilibrio, centrándose únicamente en la instruccion formal de conocimientos académicos, a menudo de forma rígida y estereotipada.

Esto produce un efecto a priori no deseado, y es que muchos niños no terminan de encontrar sus verdaderos intereses, deseos, ilusiones, pasiones y talentos.

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Llegan a la adolescencia totalmente desorientados, sin saber quiénes son, qué les gusta realmente o qué quieren hacer. Al mismo tiempo se les pide que escojan su futuro, que tracen el camino que vayan a seguir en adelante. A menudo en este punto se origina el fracaso escolar, los problemas de identidad, la ansiedad y, tal vez como consecuencia, ciertos comportamientos de rebeldía.

Para poder aprender tenemos que tener interés, pasión y motivación intrínseca (la que nos viene de dentro). 

Los niños no necesitan ser motivados externamente o recompensados con premios o castigos para aprender, lo que necesitan es ser capaces de recompensarse a sí mismos por medio de su propio interés y pasión por lo que hacen.

John Holt, pedagogo norteamericano, ya lo decía:

«Muy poco de lo que se enseña en la escuela se aprende, muy poco de lo que se aprende se recuerda y, por último, muy poco de lo que se recuerda se usa».

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